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Motivos y desalientos

14 enero 2026
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A este país ya se lo cargó la chingada”, dijo rotundo mi amigo Daniel hace algunos días durante la tertulia vespertina de dominó. Lo vimos como se mira a un profeta en lo alto de una montaña sin que nadie se atreviera a contra decir sus palabras apocalípticas. El asunto derivó en temas más triviales entre los que se cuenta mi pase en falso que me costó 25 puntos y una mentada de madre (en ese orden) y finalmente mis amigos se despidieron mientras me quedé pensando en Daniel y sus palabras…

¿Nos cargó la chingada? Si juzgamos por diversos indicadores parecería que los motivos para el optimismo son tan abundantes como las ideas en una reunión del Opus Dei. Permítame ensayar un breve repaso taxonómico.

Pensemos en los partidos políticos que no son otra cosa sino asociaciones de saltimbanquis vividores que dan cobijo a personas con agendas personales que al ser cuestionadas les permiten transitar sin rubores a otros partidos lo que explica que un dinosaurio como Bartlett sea aliado de López Obrador. Cometen tropelías electorales, gastan el dinero de los mexicanos que por cierto se autoasignan generosamente y heredan cargos y puestos como lo hacen las empresas familiares. Hace poco me cuestionaron por anular mi voto activamente, es decir, acudí a la casilla a anular y se me explicó didácticamente que con ello favorecía al PRI. Mentira, al PRI lo favorece su nube de votantes cooptados por herencias corporativistas o por su propia ingenuidad.

Un segundo elemento es la corrupción rampante que explica en gran medida la ira desatada por el aumento a los precios de la gasolina. No hay gobernador que se salve ante la complacencia de las autoridades ¿de veras alguien cree que no se le podían poner dos gendarmes a Duarte antes que desapareciera? El gobierno en este caso no entiende que no entiende. Los ciudadanos estamos hartos de estos abusos y de burlas como la de que el Presidente nombre a su investigador en materia de corruptelas. Un elemento más es la inseguridad. Desayuno con la noticia de una balacera en Playa del Carmen, cinco decapitados en Guerrero y una nota que da cuenta cómo se extorsiona desde la cárcel con la anuencia de las autoridades. Hace ya años ha quedado demostrado que la legalización de la marihuana daría un giro dramático a los hechos. La gazmoñería y el temor político impide que lleguemos a tiempo a esta decisión. Mientras que en Estados Unidos varios estados ya la reducen de manera legal para el también legal consumo, aquí seguimos con operativos, derechos de piso y matazones de temporal entre grupos rivales.

A este batido de pesimismo hay que agregar la elección de Trump. Una decisión que equivale a meter a un niño psicótico en un cuarto repleto de explosivos. Cada que abre la boca las bolsas se tambalean y el peso acelera su picada. El aumento de la gasolina que tiene una explicación económica no fue acompañado con una necesaria decisión de recortes al gasto y ataques frontales a la corrupción lo que motivó una respuesta para la que el gobierno claramente no estaba preparado.

Percibo un ánimo sombrío, no hay plática en la que no salgan a relucir los Danieles encabronados por lo mal que están las cosas. Este clima prepara un terreno fértil para el populismo y la demagogia. Me parece tristísimo que la decisión del voto se base en la idea de “que estos no son corruptos”. Parecería que no hay rumbo posible y aquí seguimos con estadistas como Cuauhtémoc Blanco o “el Bronco”. Hace unos días me pidieron mi opinión en una revista en la que escribo acerca de mis motivos para sentirme orgulloso de ser mexicano. Me quedé pensando durante horas y emití una respuesta que apuntala la opinión de mi amigo Daniel. Lo siento, es lo que hay:

¿De qué me siento orgulloso con respecto a mi país? De nuestra capacidad de resistencia histórica para enfrentar los embates del abuso, la estupidez y la manipulación. Que no nos hayamos derrumbado todavía, abona a mi fe de la resiliencia imbatible de los mexicanos

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